sábado, 12 de noviembre de 2016

La cuestión religiosa

La cuestión religiosa
Publicado 10/11/2016

Iván Tabares Marín
A veces se olvida que la mayoría de los colombianos comparten una visión cristiana, católica o de otro tipo, y que en el marco de nuestra Constitución Nacional ellos tienen derechos inalienables, aunque eso sea muy difícil de entender para quienes son ateos, agnósticos o anticlericales.  
Con esta premisa podemos analizar los dos grandes debates en que hemos estado involucrados: las cartillas de Colombia Diversa sobre educación sexual y el plebiscito sobre los acuerdos de La Habana. 
En particular, me interesa aquí la discusión sobre los acuerdos porque también se relacionan con la ideología de género.  Comentaré el artículo publicado en El Espectador el pasado 19 de octubre por el columnista Jorge Gómez Padilla compartido casi 20 mil veces en Facebook, fenómeno inusual pues en esa misma edición del periódico el resto de escritos de opinión apenas contaron con uno o dos centenares de reproducciones.  Tan significativo es el escrito como la reacción impresionante de los lectores.

La nota relaciona el voto negativo de las iglesias cristianas al plebiscito con el impuesto que deberán pagar si es aprobada la reforma tributaria; se burla del exprocurador Alejandro Ordoñez por haber señalado que la ideología de género “está encriptada en los acuerdos” y afirma que el interés de los cristianos es “meter la enseñanza de la religión desde la educación primaria”; luego sostiene que si el uribismo y sus aliados se inventaron la ideología de género, desde la otra orilla corresponde denunciar la que sí existe: la “teología de género”, con la cual pretenden conquistar la presidencia.

La falta de coherencia y la irresponsabilidad del escrito son tan graves como la identificación que hace de los seis millones de votos por el “no” con las sectas cristianas “de garaje”, con el uribismo, con el fanatismo y la mala fe, mediante el uso de ese artificio conocido como amalgama, al que me referí en otra nota.  Más sorprendente aun es la acogida de los lectores, expresión de su ira por haber sido derrotados en las urnas y de su incapacidad para entender o cuestionar un artículo.  De un momento a otro hemos descubierto que hay dos especies de colombianos absolutamente distintas e irreconciliables o que no entendemos lo que leemos y que carecemos de autocrítica.

El 8 por ciento de los ateos colombianos deben entender que la mayoría de los cristianos son honestos, no comparten las torcidas intenciones de algunas sectas, muchos negaron los acuerdos con argumentos muy serios, defienden una visión distinta de la familia y la sexualidad a la que tienen los anarquistas, los comunistas y la comunidad LGBTI; ellos también hacen parte de nuestra organización democrática y su cultura debe ser respetada como la de los indígenas, las negritudes, la comunidad Lgbti o la taurófila.

El carácter laico o no confesional de nuestra Carta Magna no significa que las religiones quedaron proscritas y, mucho menos, que sus seguidores no tengan derecho a defender su cultura y deban aceptar la ideología de unas minorías.

FUENTE http://www.eldiario.com.co/seccion/OPINION/la-cuesti-n-religiosa1611.html

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